Hace unos días, ví por primera vez un montaje de Angélica Liddell , "La Casa de la Fuerza" . No soy experta en las tablas, pero como a cualquier espectador de a pie, también quedo hipnotizada cuando veo en escena a un "animal de teatro". Cuando sobre escena le pasan cosas al humano expuesto en el escenario, cuando se ven los espasmos de estar vivo. Es decir cuando veo verdad, me emociono.
La obra parte con ese festejo del dolor tan propio de las rancheras, cantada por mariachis y la misma Angélica Liddell. Incluyendo "El Preso nº9". (de niña yo solía tocarla en guitarra).
El texto ronda los descalabros, las fragilidades y despellejamiento, y ella es energía, una fuerza entrópica que hace que todas las cosas sobre el escenario se muevan hacia ella. Era un striptease desolado, como un lenguaje de señas feroz, de quien parte desde erotismo quitándose la ropa para terminar quitándose la vida. Luego el violoncello de Pau de Nut suena para humedecer la escena, dar un respiro...
Me recordó mucho a textos de la chilena Diamela Eltit (pienso en "El Cuarto Mundo" y "Lumpérica"). Hay cercanía en el lenguaje de esas dos mujeres. Quizás México y ese famoso desierto (el fin de Latinoamérica) que ha terminado por ser un moridero, las une de alguna manera.
También me acordé de "la dama del sentimiento", Zayda Peña Arjona. Una catante de música grupera que fue abatida a balazos en un motel. Sobrevivió, fue trasladada a un hospital, dónde un desconocido entró a su habitación para terminar de matarla.
Me he desviado, solo quería decir que Angélica Liddell es energía pura y ojalá tenga oportunidad de ver al maravilloso "animal de teatro" (son muy escasos, casi una especie en extinción) en escena nuevamente.















